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Desde hace más de cien mil años por las tierras del Valle de Almanzora y por los montes que le contemplan, pasaron homínidos neerdentalenses y cromañones que ya convivían en grupos y refugiaban sus temores ante los prodigios del cielo y de la noche en cuevas, en cuyos fondos se enterraban. Subsistían de lo que les ofrecía la tierra: frutos silvestres y caza. Conocían veredas y caminos que transitaban.

 

Llegarían hombres del norte de África, mineros del Asía Menor, neolíticos africanos que desembocarán, sobre todo en alturas próximas a la costa de la zona oriental de Almería, en la llamada cultura del Algar, para convivir con los que allí había y enseñarles a pulimentar la piedra y modelar el barro; a tener animales recogidos; construir cabañas y formar poblados que sería origen y permanencía de los que llegaran después. De allí emigraban hacia el occidente, en busca del Valle del Guadalquivir, y también hacían la ruta de vuelta, siendo uno de sus lugares de parada el valle de Almanzora, a la altura de Purchena y alrededores, Suflí, si iniciaban camino hacia sierra, en busca de minerales. Sus huellas son múltiples en el Valle y desde él a los pasos naturales.

 

Todos, neolíticos evolucionados y transeúntes de oriente a occidente , fenicios, griegos, cartagineses y romanos que llegaban, se asentaban y buscaban oro, plata, mercurio y hierro, en los montes y estribaciones. Algunos ponían nombre a lugares que transitaban. Todos recorrían los viejos senderos y decidían ir al otro lado de la montaña. Planeaban desde los contornos bastetanos que serían Armuña y Purchena y tomaban el camino que empezaba en las estribaciones de la sierra por el lugar de parada y reposo que será Suflí.
 
Después que los romanos crearon las provincias Ulterior y Citerior de Hispania, trazaron los límites de la Bética y la tarraconense: Villaricos, Almanzora, Sierra de Bacares, Sierra de Gádor y Sierra Nevada.

 

En el valle de Almanzora, los romanos se aposentaron donde encontraron comodidad y riqueza. Hacia el siglo I utilizaron la fortaleza que suponía la cúspide defensiva donde irá el castillo de Tachola. Crecería la república de Tagili, en los primeros años de la Era Cristiana, con los baños termales de Cela y la almunia (huerta) de toda la zona. Convivían con los iberos provenientes del neolítico. La zona montañosa les interesó menos, aunque la recorrieran.
A partir del año 411, los indígenas romanizados sufrieron ramalazos de la ocupación de vándalos, silingos y alanos. Cuando los vándalos, tras dejar leyendas de terror por su ferocidad, y el nombre terrible de Vandalacia, pasaron a África, llegaron los suebos, para terminar imponiéndose en la zona de Baza los herederos de los romanos, los visigodos, que lucharon contra los bizantinos que habían ocupado Filabres y el valle del Almanzora. Las batallas finales se produjeron en el valle del Almanzora. Entre las costumbres que dejaron los bizantinos, una perdurará: la de los jariques (medieros), los propietarios de las tierras acordaban con un campesino su explotación, repartiéndose el producto de la cosecha.

En el siglo IV se cristianizaba el territorio. La estribación serrana que será Suflí continuaba siendo lugar de paso y reposo a la hora de encarase con el cruce de la sierra hacia el mar. La tradición señala que en los reinados de los godos Chindasvinto y Recesvinto se eligió una basílica en Acci (Guadix), primera población peninsular donde llegaron los discípulos del apóstol Santiago, cosa sin posible demostración, aunque cierto sea que por la zona próxima a Basti (Baza) se extendió el cristianismo.

 

ÉPOCA MUSULMANA
Tras varios intentos, desde 674 a abril o mayo de 711, desembarcaron los musulmanes de Tarif, Tarik y Musa. Los habitantes del valle del Almanzora que pasaban por el lugar que será Suflí no se enteraron de aquello hasta que regresado Musa a Siria para darle cuenta de la conquista al califa Al Walid (714), tomó el mando de sus tropas su hijo Abd Al Aziz, quien personalmente prosiguió el avance musulmán hacia el reino de Tudmir (Murcia), siendo la primera vez que musulmanes pisaron el valle de Almanzora.
Tras el asesinato de Add Al Aziz (716) la conquista de los llegados del otro lado del estrecho estaba casi conclusa y la mayor parte de los habitantes del valle del Almanzora, como los de otras tierras, abjuraron del cristianismo y se tornaron a la fe islámica. Eran muladíes, que por serlo se acogían a los privilegios de los hombres libres del Islam, a fin de gozar de un estatuto favorable. Podían quedarse con sus tierras pagando un tributo.
El lugar de reposo e inicio del paso de la sierra que será Suflí, empezó a acoger, junto a descendientes de neolítico bastetanos y muladíes, a soldados musulmanes que buscaban lugar donde vivir y posiblemente beréberes.
A la zona no llegaban retazos de la lucha cruenta y sin cuartel de los omeyas de Córdoba contra los mozárabes que capitaneaba Ibn Hafsun, siempre refugiado en fortalezas naturales montañosas, “nidos de águila” defensivos, en uno de los cuales, situado en la serranía malagueña, Abd Al Rahman III acabó con él.
A partir de ese momento terminaron los castigos omeyas a los cristianos y se originaron lugares de sentamiento, como Suflí, labor iniciada en el siglo X, antes de Almanzor. Fueron beréberes del Riff los que se afincaron en el lugar que empezaron a llamar algo que sonaba Soflí, Suflí, que en el árabe significa “los de abajo”. De siempre sus habitantes vivirán debajo de Sierro el Alto. También serían de Sierro el Bajo, según llamaron a los dos pueblos algunos cronistas de la época de los Reyes Católicos.
Vivian debajo de la sierra y eran, además dicho en sentido realista ante la fuerza de los hechos, los de abajo, porque lograban que sus tierras pudieran mantenerlos gracias a las aguas que de arriba venían, de Sierro el Alto principalmente.
LUGAR DE SEÑORÍO
Tras la conquista de la Alhambra por los Reyes Católicos, y el reparto de pueblos a los señores que les ayudaron en la guerra (tierras de señorío que darían lugar a latifundios), Suflí, con Sierro, Armuña y Lúcar, fue concedido al señorío del marqués de Aguilar, permaneciendo bajo los Fernández de Córdoba hasta el siglo XVIII en que fue vencido al marqués de Ariza, almirante de Aragón de nuevo cuño.
Los pobladores musulmanes de Suflí, mayoría, fueron obligados a bautizarse (moriscos) y perdieron parte de sus propiedades, aunque conservaran algunas que cuidaran con esmero, bajo la tutela del señor del lugar y de la iglesia. La entente duró hasta el final de la la guerra de la Alpujarra, que Juan de Austria dio por terminada victoriosamente en el valle de Almanzora, tras la conquista de los castillos de Serón, Tijola y Purchena.
CONFISCACIÓN Y REPARTO DE LAS PROPIEDADES MORISCAS
Dos morisco que quedaron en Sufli, los hermanos Luis y Cecilio Pacheco, fueron obligados el 1 de septiembre de 1572 a dar cuenta de las casas, tierras y haciendas del lugar. En el Apeo declararon al bachiller Melgar, enviado de Felipe II, que no tenian otras aguas para sus acequias que las que les sobraban a Sierro y que desde allí les concedían, utilizándolas cierto tiempo a la semana, acuerdo tradicional que ellos respetaban escrupulosamente.
La expulsión de los moriscos del Reino de Granada obligó a una repoblación acometida por la burocracia del rey. A cada pueblo se le asignó un número de nuevos pobladores, entre los que se repartieron las propiedades musulmanas. A Suflí llegaron veinticinco nuevos pobladores, todos ellos de fuera del reino granadino: cuatro de la Roda, cuatro de Quintanar, cuatro de Jabalquinto, tres de Villanueva de la Jara, dos de Villarrobledo y uno de Colmenar de Oreja, Toledo, Tarazona, Lorca, Calasparra, Liruela, Murcia y Jaén, respectivamente, que se repartieron 62 casas, 9 corrales y una cantería. Asimismo se repartieron 307 bancales en tierra de riego, con 12.300 vides, 974 olivos que producían un año con otro 450 arrobas de aceite; 337 morales y 209 moreras que criaban mas de 30 onzas de seda; y numerosos árboles frutales, con nogueras, almendros, parrales e higueras. Y 556 fanegas de tierra de secano.
 
PRIMER ALCALDE DE SUFLÍ
El 21 de octubre de 1573 fue presentada la primera lista de los nuevos pobladores cristianos de la villa de Soflí, que no tardaron en irse ausentando y ser sustituidos por otros. El primer alcalde cristiano de Sofli fue Diego de Losa, natural de Villarrobledo, quien figura como tal el 23 de mayo de 1576, y que lo fue, con breves intervalos en que figuraron otros, hasta julio de 1587.
De los veinticinco nuevos pobladores quedaron en Sofli cuatro en 1580: Diego de Losa, Alonso de Beamud, Elvira de Guevara y Juan Pérez. A finales de 1590, dieciséis años después de la repoblación, solo quedaban dos: Diego de Losa y Juan Pérez. Los demás habían desaparecido, unos porque se habían ido y otros por defunción. Entonces surgieron nuevos pobladores, con apellidos que perdurarían.
VISITA OFICIAL
La última visita oficial de los tiempos de Felipe II trajo a Sofli al delegado real Jorge de Baeza, el 20 de abril de 1593. Expuso que los vecinos se habían vendido pedazos de tierra y otras cosas de las suertes de reparto, unos a otros, por dineros o por librarse del censo. Señaló que quedaban dieciséis casas buenas y sin necesidad de reparos y otras diez necesitadas de ellos; que había arboleda, aunque las viñas eran pocas y maltratadas; que había un molino de pan, destruido, con un pósito de cien fanegas de trigo que se utilizaban para sembrar y hacer pan; que tenían los veintiseís vecinos, de ellos siete sin hacienda, diez cabezas de ganado vacuno, treinta bagajes y ocho escopetas; que la tierra de secano estaba maltratada y sin labrar.
Los pobladores protestaron a Jorge de Baeza que los de Purchena entraban en sus suertes y herederes, y que los de Sierro no les respetaban el agua que desde el sábado a medio día hasta el lunes de cada semana les correspondía.
La reacción de Felipe II en algunos temas fue fulminante y propició que se respetaran la tierras de los nuevos pobladores, quienes podían dejarlas en herencia. Los lugares del antigüo reino de Granada fueron habitándose con mejor orden y serenidad, tras superar el problema de encontrar pobladores “útiles” que respetaran las ordenanzas.
Crecieron los pueblos pese a los abusos de los señores y la corrupción que fomentaban, quedando constancia de su subsistencia en sus Libros de Apeo. El ayuntamiento de Suflí conserva el suyo en su copia oficial redactada en 1771. Existe copia escrita e integrada en ordenador. Para consultarla será precisa la autorización municipal.
 
UN CULTIVO SINGULAR
La habilidad y entrega de los moriscos como horticultores fue reconocida unánimamente. Tenían sus tierras bien escalonadas y regadas por aguas que conducían mediante suficientes acequias.
Los distritos montañosos del reino nasrí, que eran los más, se consideraron muy prósperos. Junto a los cultivos comunes se practicaban otros particulares. Tal fue el de la alheña, que es como una hoja de arrayán mas delgada, que utilizaban mujeres y hombres para teñirse el cabello y aderezarse, cuyo uso sería aparencia que les proporcionaba. Con la expulsión de los moriscos se dejó de mantener la planta.
Sobre todo, fue forminable el cultivo de moreras y morales y el cuidado de los gusanos de seda, que correspondían a las mujeres principalmente, origen de la extraordinaria industria de la seda que constituyó la mayor riqueza del reino de Granada, sobre todo manipulada, aunque también en rama. Como la seda componía la renta más sana que percibían los Reyes Católicos una vez dueños del reino, nunca la enajeraron ni concedieron franqueza sobre ella.
Fue fijada la proporción en un millón de libras en el último tercio del siglo XVI. Los derechos se arrendaban en 68 millones de maravedíes, que traducidos en ducados llegaban a 181.500. Todo iría decreciendo, pues los nuevos pobladores tardaron en enprender la cría de la seda, además de su constante molicie.
Toda la seda no tenía la misma calidad. De más valor era la que se criaba en algunos lugares de la Alpujarra ( Orgiva, Ferreira y Poqueira), en Baza, rio de Almanzora y Filabres. En el Soflí morico se criaba en suficienta cantidad para ser rentable y despertar la codicia de la recaudación.
Cobraban impuestos sobre la seda el rey , que se llevaba un veinte por ciento , y la iglesia, con un diez por ciento. En Soflí, como en todos los pueblos musulmanes, había un hafiz, guarda o inspector de la seda, pues de su carga era de donde se sacaban los mayores ingresos. Los que quería venderla lo hacían a través del hafiz, y así llevarla a la alcaycería de Granada, un gran mercado central al que acudían mercaderes de todo el mundo. Por cada libra se pagaban 18 maravedíes, de los cuales seis eran para el rey.
La industria siguió después de la rebelión morisca. Y la abundancia era tal que al comienzo de siglo XVII, los granadinos llevaban vestidos de seda de diversos colores. El consejo de población, habiendo visto que los chamadores (comerciales del cambio) impedían la entrega de los mazos a los recaudadores del censo, decidió que hubiera marchamadores (encargados de reconocer y recoger la mercancía), los cuales llevarían a vender la seda a la alcaycería, so pena de multa de 50.000 maravedíes para la Cámara real. La orden se recibió en Suflí ( entonces Sofli) el 6 de agosto de 1620, acusando recibo sus alcaldes Pascual Díaz y Alonso López.
La industria de la seda no duraría mucho tiempo. En Sofli iría desapareciendo la producción a causa del descuido de los pobladores, tanto en el trato de morales y moreras, como en la sustución de plantas con otras siembras. Pero en septiembre de 1752 la cosecha todavía era apreciable y se utilizaba para pagar tributos, como las dos libras que la villa daba a la Iglesia como parte del diezmo, y las cuatro libras que iban a Cospotela, como pago de Boto del señor Santiago.
En el reino granadino de los nasríes, Soflí permaneció al partido de Baza, en que estaba incluido el valle del Almanzora, hasta que el reino fue desmenbrado para integrar parte de él en la provincia de Almería, creada en 1822 y consolidada en 1834.
EL CENSO DE ENSENADA
Asentados los vecinos, con el trasiego que puede admitirse como natural, Soflí fue recuperando parte de la prestancia que tuvo en sus tiempos musulmanes. Había nuevas familias y nuevas casas cuando el 28 de diciembre de 1752 se presentó en la villa Diego Carrión y Amaya, juez subdelegado del corregidor de Granada para proceder al estudio de la producción que daría lugar al censo del marqués de la Ensenada.
En el censo de Ensenada consta que en Sofli había tierras de sembradura, de riego y de secano, villas, morales, montes bajos y un trozo alto; que las tierras de riego, por no tener agua ” nada más que un día a la semana ”, producían solamente una cosecha al año.
En total, Soflí producia en 225 fanegas de tierra, unas 413 fanegas de grano, más de 767 arrobas de acite; 167 libras de seda, y árboles frutales. En Sofli había un molino harinero y almazara. Pastaban 72 cabezas de ganado vacuno, 486 de ganado lanar, 164 de ganado cabrío, 29 de ganado mular, 108 de ganado asnal y 119 de ganado de cerda. También había doce colmenas.
Los vecinos sumaban 222, habitando 212 casas. Formaban 212 familias y la población total llegaba a 952 habitantes. Se admitían seis pobres de solemnidad. La villa tenía iglesia, pósito y sala particular. Celebraba anualmente la fiesta de Nuestra señora de la Candelaría. Su gobernador, que nombraba alcaldes, escribanos, alguaciles y regidores, representaba al marques de Ariza. Había un sargento del regimiento de Baza.

La villa de Soflí tenía taberna, dos panaderías, herrería, alpargatería, zapatería a la medida y satrería. Contaba con médico, ”cirujano” barbero, albañil alarife "maestro de obras”, y un oficial de pluma. No había centro de enseñanza.

De sus vecinos, 48 eran labradores y 116 jornaleros. En la villa no había casas destruidas, De la iglesia se ocupaban un cura, dos capellanes y un sacristán.
Soflí siguió prosperando tras la constitución de 1812, que eliminó los señoríos. Llegó a tener una época de singular florecimiento a finales de siglo XIX y comienzos del XX, llegando a tener 719 habitantes de hecho y 820 de derecho. En 1882 había reedificado la fuente pública sobre los caños anteriores puestos por los musulmanes, “gracias al pueblo y a la caridad universal”, siendo secretario del Ayuntamiento don José Acosta Marín , y trajo el agua al Juego de Pelota, siendo alcalde su padre , don Federido Acosta Martínez. Se erigío una fuente con placas de mármol que se conserva arrinconada en los almacenes del Ayuntamiento.
Reconstruyó su iglesia en 1991, inagurada el dia de San Roque, patrono del pueblo, 16 de agosto, siendo alcalde don Julio Nin de Cardona y párroco don Antonio Medina.
Sus aguas de la sierra eran finas y ricas en minerales. Celebraba fiestas el 5 de mayo y el 16 de agosto. Tenía médico, practicante y comadrona. Había seis cosecheros de aceite, cinco de ellos con almazara. Tres eran los maestros albañiles. Había posada, café, barbería, estanco, tienda de comestibles, dos panaderías, dos carnicerías, que llevaba Emilio García López, admitía giro postal hasta 50 pesetas, y valores declarados. Era juez municipal don Juan Vita Alonso y secretario don Julio Liria Nin de Cardona.
Tras la guerra civil de 1936-1939 (en que no sucedió tragedia especial en el pueblo), Suflí fue decayendo a causa de los “años del hambre” y de la pobreza de la posguerra, viéndose obligada gran parte de su población a emigrar, primero a tierras castellanas y catalanas, sobre todo, y después extranjeras (Holanda, Alemania…), casi masivas, de las que difícilmente se ha repuesto a principios de siglo XXI.
Ahora, prácticamente, la mayoría de sus habitantes pertenecen a la ”tercera edad”, llegando a 292 vecinos, de ellos 210 con derecho a voto, que en las últimas elecciones eligieron y ratificaron al actual alcalde, don Juan Cuevas Sáez. Los niños matriculados en la escuela no pasan de la veintena. Los pocos jóvenes estudian lejos del pueblo.
Empiezan a notarse la querencia hacia una vuelta al "renacimiento" de Suflí. Han regresado algunos vecinos que formaron su vida en otros lugares. Algunos de ellos construyeron casas nuevas o reedificaron las anteriores. Lugar de descanso, con agua corriente en todas las casas, producto de los favorables sondeos realizados y del hallazgo de un magnífico acuífero perfectamente explotado, acoge no solamente a suflireños de raigambre, sino a vecinos de pueblos próximos que se construyen viviendas, y a familias inglesas radicadas en la población.
En la actualidad, además de la tradicción de sus polvoristas, cuenta con dos fábricas de conservas (con fama nacional e internacional), donde se prepara la famosa fritada de Suflí.
Tiene además farmacia con vivienda propia, mesón; y asistencia médica y sanitaria semanal propiciada por la Junta de Andalucía que, con la Diputación provincial de Almería, ha mejorado las carreteras que pasan a orillas del pueblo, ha construido un nuevo y grande ayuntamiento a la par que ha modificado la fuente pública, todo ello por iniciativa del ayuntamiento.
Suflí sigue conservando rasgos moriscos en algunos soportales y plazas ( aunque el tradicional color blanco de sus casas sea salpicado por un color ocre de moda), y está llamado a ser lugar de residencia y asueto de personas que recuerdan los genes de su pasado, posiblemtente difícil de equiparar, y descubren su salubridad y tranquilidad, aunque alguno de “ sana” envidia les tildes, o consienta que lo hagan, de “ espectadores activos sabios de vuelta del mundo exterior”… que “conforman el núcleo duro , dinámico y actual”.
A escasos kilómetros de pueblos mayores de la comarca del Almanzora, dispone de cuanto pueda solicitar en hipermercados de Olula del Río y Albox, a más de muchos comercios de todo tipo.
Se fomentan nuevas ideas para mejorar el callejero. Es una de las peticiones prioritarias del vecindario, aunque no siempre el ayuntamiento cuenta con la colaboración de todos los vecinos, pero que el alcalde tan elogiado, votado y persistente, logrará.

La villa de Suflí, rodeada de un maravilloso entorno, parece dispuesta a consolidar el renacer iniciado.

 
 
EL NOMBRE DE SUFLÍ
 
En marzo de 1570, el historiador Luis de Mármol Carvajal, intendente del ejército de Juan de Austria, se asomó al valle del Almanzora y supo de un pueblo que llamó Sofloy.
 
En sus libros de apeo figura el nombre de Sofli.
 
La confusión entre Sofli y Suflí aparece en los libros de población de la villa, según los reprodujeran los escribanos de turno, vecinos de Armuña.
 

El primero que utilizó Suflí fue Alonso de la Torre, el 1 de octubre de 1579. Tras la alternancia de ambos nombres se acabaría por imponer el nombre de Suflí, ya con acento. El escribano Raimundo de Andeiro, en documento de investigación de impuestos ordenados por el Consejo de Granada data “en villa de Suflí”, porque así le han dicho que se llama sus representantes, encabezados por su gobernador Antonio de Medina, administrador del señor del lugar, entonces el marqués de Ariza.

 
El 21 de octubre de 1771 se tasó en Granada la copia del Libro de población de Suflí, trabajo realizado por le contador del rey, por el que pagó Suflí 743 reales de vellón y cuatro maraveríes, que en todo momento utilizó el nombre de Suflí, no cambiando nunca más.
 
LA CUNA DE LA FRITADA
 
En la segunda mitad del siglo XIX puede situarse el principio de la industria que da en la famosa fritada de Suflí, que hoy se solicita y consume en muchas ciudades de España y de Europa.
 
Desde entonces se conoce comúnmente a Suflí como “el pueblo de la fritada”, cuyo dia principal, por iniciativa de Ayuntamiento presidido por don Juan Cuevas Sáez, en que se sintetiza la Semana de la Fritada.
 
No cabe encontrarle más antecedente musulmán que no esté ligado al aprecio de las hortalizas y a su plato veraniego de la macedonia de verduras, a base de verdolaga, espárragos, calabaza, pepino e hinojos, todo ello cocido en agua y sazonado con aceite.
 
En la península fue conocida durante el siglo XVI la “almoronía”, fritada de berenjernas, calabaza, calabacín y cabolla, todo picado y revuelto.
 
Pero tomate y pimiento, que forman la sustancia absoluta de la fritada de Suflí, vinieron de Ameríca.
 
El origen de la fritada suflireña puede ser influencia italiana, pues se tiene noticia de alguna familia de Nápoles instalada en Suflí, y cabe que fuera ella la que iniciara en el pueblo donde se criaban extraordinarios tomates y pimientos, su mezcla en fritada.
 
El tomate llegó a Italia en 1554, en bajeles españoles. Era entonces un fruto pequeño de grosor de una cereza. Los aztecas llamaban “ tomatl” al producto hortícula de forma esférica. A partir de España, el tomarte, en sus muchas variedades, ha recorrido el camino europeo para convertirse en la salsa más universal. La fritada de Suflí pudo ser en su origen otra forma de pesto, salsa desmenuzada en que se trituraban pimientos y tomates que se consumía a veces combinado con otros alimentos y rociado con un chorrito de aceite de olivas, dando en uso la mezcla de pimientos y tomates troceados que apareció en Italia en el siglo XVIII.
 
La fritada de Suflí alcanzó un desarrollo extraordinario gracias a la calidad de sus ingredientes y al esmero en su fabricación. No había casa del pueblo donde no se hiciera en verano. Siempre ha sido un rito el asado, la limpieza de tomates y pimientos, todo ello a mano, la esterilización por ebullición y el envasado final. Las mujeres de Suflí llevan en su ser la fabricación de la fritada, sobre tradición y calidad.
 
 
ÉPOCAS DE SUFLÍ
●El Soflí musulmán, fundado por bereberes unidos a muladíes, alzado entre la fortaleza de Purchena y el pequeño castillo de Sierro el alto, villa situada a las sombras del tuc (mirador) de Bacares, trasitada por quienes discurrían por el camino que lo cruza, para ir directos hacia el mar.
●El rico y apacible Soflí del esplendor nasrí, de famosa seda, incluido en las capitulaciones de Baza por las que fue entregada a los Reyes Católicos toda la comarca del Almanzora.
●El Soflí mudejar (cristiano) que guardaba sus constumbres como lugar de señorío a don Diego Fernández de Córdoba.
●El oprimido y expoliado Soflí que empieza a sufrir el bautizo obligatorio (moriscos) con la pérdida de su mezquita, la repartición de sus tierras entre el señor del lugar y la iglesia, y que padece la guerra de la Alpujarras por uno y otro bando, con la expulsión final de sus habitantes moriscos.
●El Soflí de cristianos viejos, medio abandonado y casi deshabitado que acoge a nuevos pobladores.
●El Soflí que empieza a recuperarse a partir de la última visita ordenada por Felipe II en 1595, y recoge a familias estables que cuidan de sus haciendas.
●El Suflí que se alza con cierta pujanza en el siglo XVIII, antes del catastro del marqués de la Ensenada, cuando el señorío era del marqués de Ariza, almirante del Aragón.
●El Soflí que florece a finales del siglo XIX, eliminados los señoríos por la Constitución de 1812.
●El Suflí de la mejor época en el siglo XX.
● El Suflí de la Guerra Civil y de la posguerra.
● El Suflí de la democracia actual.
 
Texto cedido por el Hijo Predilecto de Suflí: José Acosta Montoro
 
 
 
 





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